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Kame House

<<Un triste con vocacion de alegre>>
May 16

Costumbres

Aunque a Momo no lo creyera, era un hombre con costumbres muy arraigadas.
Todos los días tomaba el mismo camino para ir al trabajo: Vuelta en “U” en la calle que llegaba a la avenida Central, luego derecho hasta topar con la calle que en la esquina tiene una panadería. De nuevo, derecho hasta llegar al eje mayor, en el cual tomaba siempre el tercer carril, si lo contamos de derecha a izquierda. Al aproximarse a la Avenida “Cumbres del Oriente” (digamos que una o dos calles antes), se pasaba al carril del extremo izquierdo, con la finalidad de dar la vuelta hasta el siguiente semáforo, donde, al cruzarlo, entraba al estacionamiento donde se encontraba su oficina. Esto hacía todos los días, exceptuando, claro está, los sábados y domingos.
Mientras Momo conducía, siempre escuchaba la misma estación de radio. Es más, en su auto, mismo que ha tenido por más de 10 años y que no ha querido cambiar porque no quiere romper la costumbre de usarlo, siempre ha tenido las mismas estaciones en las memorias: en la primera tiene la estación donde ponen las canciones viejitas. En la segunda memoria está la estación alternativa, que pone a veces música buena y a veces música demasiado alternativa para él. En la tercera tiene la radiodifusora de noticias y, finalmente, en la cuarta, tiene programada su estación favorita. Siempre deja la memoria cinco para programarla acorde a los gustos que tiene la chica con la que puede llegar a salir. Algunas veces, cuando ha sido necesario cambiar o desconectar la batería del auto y que la memoria del radio receptor se pierde, manualmente introduce las estaciones correspondientes en las memoriaspara, antes de iniciar a conducir, todo esté acorde a las costumbres.
Aunque Momo se creía un innovador, era en realidad un hombre con costumbre muy arraigadas.
Cuando había bloqueos, no era la inmovilidad de su auto lo que hacía enfadar a Momo. Era más bien el sentimiento de frustración que los estúpidos infortunados, acarreados o que por voluntad propia estaban ahí y que cargaban pancartas y gorras del mismo color y que gritaban unos lemas que le parecían por demás estúpidos y forzados, le generaban por no ir por la ruta que siempre tomaba para ir a su oficina.
Todos los días llegaba a la oficina y encendía el computador. Se servía café y abría el paquete de panqué que compraba, como era costumbre, cada semana en el centro comercial al que siempre asistía. Los panqués eran de distintos sabores y siempre encontraba un poco agridulce esta situación. Abrirlo era un ritual, o casi una costumbre: lo tomaba con ambas manos y cerraba los ojos. Se decía mentalmente: “vainilla”, o algunas otras veces decía: “chocolate”. Sería difícil saber el porcentaje de eficiencia de este ejercicio.
Un buen día, Momo realizó su acostumbrado proceso para ir a la oficina. Todo apuntaba a ser un buen día, un día acostumbrado. Justo antes de salir de su hogar, cuando ya estaba completamente vestido, con sus cosas listas, su mano tocó la perilla de la puerta de madera pintada de blanco que tantas veces había visto el ritual de salida; Sin embargo, en esta ocasión, Momo no giró la perilla en el sentido de las manecillas del reloj como siempre lo hacía, mientras que en su hombro izquierdo colgaba su maletín con sus papeles del trabajo. Simplemente, no la abrió. Se quedó inmóvil. Su mirada era como si estuviese tratando de ver los átomos que constituían la fusión mano-perilla. Se dijo a sí mismo, de memoria, los siguientes pasos que debería realizar hasta llegar a su auto. También se dijo de memoria todas las calles, semáforos, policías, luminarias, tiendas, panaderías, hospitales, baches del suelo, escuelas, mercados, topes y demás detalles que vería, como cada día, al conducir su auto hacia su oficina.
Momo tomó con fuerza la perilla y la giró, como siempre, hacia el lado en que giran las manecillas del reloj. Bajo las escaleras, hasta llegar a la puerta y la abrió como todos los días. Caminó los 20 metros que lo separaban de su auto. Cuando estuvo frente a él, con llave en mano, lista para iniciar el tradicional viaje hasta la oficina, se miró en el reflejo del vidrio de la puerta que estaba salpicado por las gotas sobrevivientes de la lluvia nocturna. Se miró y se quedó mirándose unos 30 segundos. Como por un impulso, tomó la manija para abrir la puerta de su auto, como lo hace todos los días. Presionó el botón correspondiente de su remoto para abrir la puerta y, por un fugaz instante, pudo ver cómo en el vidrió de la puerta que ahora se abría rápidamente, se movía el reflejo de una sonrisa que se le había dibujado en los labios.

April 29

Influenza-Presentación...

Amigos
Del trabajo nos enviaron esta presentación con algo de información con respecto del virus que anda rondando por ahí.
Espero que les sea útil.

Saludos.

Tipos Influenza 

April 20

El video del poema (sin relación)

A pesar de cualquier situación, pueden haber cosas que podrían estar completamente separadas por espacio, tiempo, realidad, y sistema; pero por una extraña relación podrían unirse, por un pequeño momento para traducirse en algún recuerdo, alguna alegría, alguna tristeza: algún anhelo olvidado.
Sea pues así, y maravíllense con la separación y anulación de lo que la realidad podría preestablecer como lógico... Primero Beck, después el Maestro Benedetti. Una canción de una película y un poema recibido.
 

Irse.

Cada vez que te vayas de vos mismo
no olvides que te espero,
en tres o cuatro puntos cardinales,

siempre habrá un sitio dondequieras
con un montón de bienvenidas,
todas te reconocen desde lejos
y aprontan una fiesta tan discreta
sin cantos, sin fulgor, sin tamboriles,
que sólo vos sabrás que es para vos.

Cada vez que te vayas de vos mismo
procurá que tu vida no se rompa,
y tu otro vos no sufra el abandono,
y por favor, no olvides que te espero
con este corazón recién comprado
en la feria mejor de los domingos.


Cada vez que te vayas de vos mismo
no destruyas las vías de regreso
volver es una forma de encontrarse
y así verás que allí, también te espero.

March 03

Luz/Oscuridad

Es curioso como uno a veces encuentra, tal vez las más de las veces sin buscarlas, encrucijadas con respecto a situaciones o -más bien, decisiones- que uno debe tomar en su vida. El libre albedrío, como le dicen algunos, es en definitiva el proceso más humano que existe: “¿Cómo debo actuar, ante x o y situación?” “¿Cómo tomo la situación z o w para afectarme a mi vida?” Algunas veces son reacciones animales, algunas otras son las reacciones neuronales las que dicen lo que debe hacerse. Otras más están basadas en nuestra experiencia, las más de las veces, y otras más… otras más son, sin duda, producto de la incertidumbre. Como dijera el letrado mexico-uruguayo Julián Ramos en su deliciosa obra La evolución del ser humano y sus connotaciones ancestrales (1999): “La situación está determinada no solo por nuestro histórico animal, sino además por nuestro bagaje cultural y nuestras experiencias sensoriales a lo que va aunado nuestra intensión, igualmente determinada por nuestro impulso y/o interés personal, social o religioso.” Ante tal situación uno pensaría: “¿por qué entonces la luz de nuestras decisiones no es tan clara como para optar por un comportamiento: a) animal, b) impulsivo, c) meditado, d) holístico?. ¿Estamos hablando de comportamiento similares al de las luciérnagas? Luces que aparecen imprevistamente o señales luminosas que se desaparecen inesperadamente, justo frente a nuestros ojos sin ser esperado?. “El momento de la incertidumbre -continúa diciendo Ramos- generalmente es un estado latente y definitivo entre el actuar sensitiva, impulsiva, o animalmente. La espera de una señal, así mismo puede ser del tipo reactivo o proactivo, como ya se revisó anteriormente” (Ramos, 1999). El equilibrio, definitivamente, entre una acción proactiva o reactiva debe ser el ingrediente, que yo llamaría, “fino” y estaría directamente determinado de las luminosidades recibidas o que se intentan ver. Como comentara Ramos (1999): “las situaciones, además, están determinadas por nuestras limitantes o habilidades sensoriales, mismas que están, las más de la veces, nubladas por nuestro interés. Cada situación, por muy objetiva que intente hacerse, está altamente determinada por nuestro sistema sensitivo, a la vez, nublado o limitado”. Los ojos ven lo que quieren ver. Apunta en estilo itálico, para resaltar que se trata de una idea que leyó de otro texto, pero del cuál no recuerda la referencia. Continúa escribiendo: “Es, en ese instante, cuando el hombre verdadero -el ‘Stovir’ que se menciona en el manuscrito del siglo XIV, acuñado a los templarios- toma la incertidumbre y la falta de iluminación, así como la miopía informativa, con la serenidad requerida, no demasiado pasiva, sino inteligente”. En ese instante, tomó un trago de su copa de vino, medio llena que se encontraba junto a la botella de vino completamente vacía. El hombre, entonces, reflexionó un poco mientras el vino jugaba con su lengua y miraba el monitor atónito. Sonrió tristemente. De alguna forma, trataba de justificar el infantil arrebato de alegría que había tenido al encontrar aquella hermosa mujer, de una hermosa sonrisa que, por cuestiones curiosas, se había cruzado en su camino. En vano, trataba de encontrar en aquellos viejos escritos (Ramos, 1999) y manuscritos (Sn Sebastian Gonag, S.XIV) una explicación al extraño sentimiento que ahora le llenaba el pecho, que, sin ninguna razón aparente, le hacía despertar contento, con ganas de escribir más y saber más, de ser mejor persona siendo él mismo, o al menos, intentarlo. A cada instante, sin voluntad alguna, el recuerdo lleno de una interesante e inconfundible felicidad se refugiaba en su mente y se reflejaba en sus labios. Estaba, al parecer, liberado del pasado y estaba esperanzado en el futuro, incierto, lleno de luz y oscuridad, tal cual se comporta una luciérnaga al ser descubierta o al sentirse amenazada. “Luz y oscuridad”, escribió finalmente como para darse ánimos, “es sin duda una visión limitada, poco sistémica: porque la vida no tiene tintes negros y blancos únicamente. La vida tiene el maravilloso cielo azul, la maravillosa ‘golden hour’ y el inimaginable alumbramiento que genera en una habitación, en un instante acompañado de una buena plática y de una mirada evasiva, una gloriosa sonrisa verdadera”. Tomó entonces su móvil y escribió un mensaje. Algo en realidad muy simple. Lo escribió simple por el único deseo de recibir una respuesta simple, un sí o un no. Luz u Oscuridad.

February 23

Estrategias impositivas: una amenaza de falla

El día de hoy me encontré con una noticia que se me hizo muy interesante dado que tiene que ver con las estrategias y la forma en la que comúnmente se emplean en algunas empresas.
La noticia era sobre la protesta del cuerpo de policía de la ciudad de México.
El planteamiento de la estrategia de aumentar de 8 a 12 horas (con un descanso de 24hrs) no fue bien recibido por los oficiales. Esta decisión fue tomado por los altos mandos y anunciada por el titular de la SSPDF.
La estrategia fue decidida por los altos mandos, justificado en que el horario de 8 horas no fue suficiente para dar los resultados esperados en el incremento de la eficiencia sobre todo en las zonas de alta incidencia delictiva.
El establecimiento de una estrategia y los objetivos, desde mi particular punto de vista, debe ser una actividad que se comparte con los miembros de la empresa, el proyecto o el grupo de trabajo. Es cierto, las directrices y la visión estratégica las deben poner los altos mandos, sin embargo, las personas, los entes pensantes de las empresas -que son todas las personas que forman parte del equipo, como ya lo mencioné- son los que deben aportar ideas para mejora la eficiencia y el establecimiento de estrategias prácticas y que todos apoyen.

¿No creen ustedes que si la idea de incrementar las horas de trabajo hubiera venido de los policías que están en las calles como una medida de mejora de la eficiencia de su trabajo, hubiera sido bien recibida por los uniformados?

Otra cosa importante es ¿qué se entiende por "mejorar la eficiencia"?, ¿es atrapar a más rateros por día o es disminuir el índice de delincuencia?. ¿Todos y cada uno de los implicados entienden los objetivos y las metas a alcanzar en su trabajo diario?